A lo largo de mi carrera académica, he tenido altibajos con clases muy buenas, otras no tanto, unas regulares y otras pésimas. Desde primaria he tenido muy buenos profesores de matemáticas, han logrado en mí un gusto especial por ellas, han sabido transmitir su conocimiento y sobretodo motivar mis ganas de seguir aprendiendo.
Hoy no hablaré de una clase específica de un día específico, más bien de clases generales de profesores específicos...
En el nivel superior, ha habido tres profesores que me han sido de gran influencia. El primero que me topé en la carrera, nos hacía ver los problemas difíciles de forma sencilla (a pesar de que la materia ha sido una de las más difíciles que he cursado), nos enseñó de manera casi forzada a ser autodidactas, explicaba a nivel decente (ni fácil ni difícil) y se preocupaba por nuestro aprendizaje; incluso ofrecía ayuda a las personas que no les iba tan bien, siempre y cuando fueran constantes y se les notara el interés.
El segundo profesor desarrolló en mí el sentido competitivo y mi pensamiento lógico. Siempre le preguntaba mis dudas aunque fuera de temas que ya habíamos visto y en ocasiones se molestaba conmigo por no entender lo ya explicado, pero siempre intentaba hacer que aprendiera. Fue también una de las clases más complicadas debido a que no tenía ningún conocimiento previo (como no saber matemáticas e intentar aprender física). Los problemas de clase y/o tarea suponían un desafío cuya satisfacción por resolverlos es comparable a la satisfacción de ganar un partido de baloncesto contra el mejor equipo del barrio o derrotar al jefe final en un vídeo juego. Esto me genero un gusto especial por la asignatura y la carrera.
El tercer profesor me cambió la manera de ver los problemas de forma radical. Sin duda alguna, la materia más complicada que llevé en toda la carrera. El pensamiento lógico que tenía hasta el momento no era suficiente para resolver problemas, hacía falta un análisis más profundo y un nivel de abstracción más elevado. Aprendí a analizar demostraciones matemáticas sin necesidad de seguir un solo procedimiento. No nos enseñó maneras de resolver problemas sino a que nosotros ideemos por nuestra cuenta esas maneras y, mientras tuvieran congruencia lógica, el resultado estaría correcto. Por otro lado, se interesó en nuestros intereses y nos facilitó el aprendizaje enfocándolo a nuestros intereses.
En conclusión, contrario a los que dicen que la motivación es para mediocres, yo pienso que facilita bastante más el aprendizaje.
Hoy no hablaré de una clase específica de un día específico, más bien de clases generales de profesores específicos...
En el nivel superior, ha habido tres profesores que me han sido de gran influencia. El primero que me topé en la carrera, nos hacía ver los problemas difíciles de forma sencilla (a pesar de que la materia ha sido una de las más difíciles que he cursado), nos enseñó de manera casi forzada a ser autodidactas, explicaba a nivel decente (ni fácil ni difícil) y se preocupaba por nuestro aprendizaje; incluso ofrecía ayuda a las personas que no les iba tan bien, siempre y cuando fueran constantes y se les notara el interés.
El segundo profesor desarrolló en mí el sentido competitivo y mi pensamiento lógico. Siempre le preguntaba mis dudas aunque fuera de temas que ya habíamos visto y en ocasiones se molestaba conmigo por no entender lo ya explicado, pero siempre intentaba hacer que aprendiera. Fue también una de las clases más complicadas debido a que no tenía ningún conocimiento previo (como no saber matemáticas e intentar aprender física). Los problemas de clase y/o tarea suponían un desafío cuya satisfacción por resolverlos es comparable a la satisfacción de ganar un partido de baloncesto contra el mejor equipo del barrio o derrotar al jefe final en un vídeo juego. Esto me genero un gusto especial por la asignatura y la carrera.
El tercer profesor me cambió la manera de ver los problemas de forma radical. Sin duda alguna, la materia más complicada que llevé en toda la carrera. El pensamiento lógico que tenía hasta el momento no era suficiente para resolver problemas, hacía falta un análisis más profundo y un nivel de abstracción más elevado. Aprendí a analizar demostraciones matemáticas sin necesidad de seguir un solo procedimiento. No nos enseñó maneras de resolver problemas sino a que nosotros ideemos por nuestra cuenta esas maneras y, mientras tuvieran congruencia lógica, el resultado estaría correcto. Por otro lado, se interesó en nuestros intereses y nos facilitó el aprendizaje enfocándolo a nuestros intereses.
En conclusión, contrario a los que dicen que la motivación es para mediocres, yo pienso que facilita bastante más el aprendizaje.
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