"Yupi, construir cosas con espaguetis, qué emoción" pensó ningún universitario con un pie fuera de la carrera. Aunque, irónicamente, fue lo más divertido de esa clase. El profesor no se molestaba mucho en ponernos atención en las clases (o en dar clases, je), entonces quizá se le hizo fácil ponernos a jugar dos semanas con unos paquetes de espaguetis, silicón y reglas. Y pues sí, fue lo más productivo que hicimos en esa clase en todo el semestre, no hubo nada relevante en el resto del curso, porque sólo hubo exposiciones a las que el profesor no les ponía atención. Y lo más chistoso es que él tenía la materia porque el profesor anterior no iba y le valía un cacahuate cómo resultara el curso. Yo pienso que un profesor ausente es mejor que un mal profesor, pero bueno.
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